-Me voy a poner el pijama-dije levantándome.
-Vale, luego me lo pondré yo-dijo él.
Me sonrojé mientras iba al dormitorio. Él y yo solos, en nuestra casita, que bonito.
Cerré la puerta y empecé a desvestirme. Me puse una camisetilla fina que tenía un lazo en la parte del escote, unos shorts y me hice una coleta hacia un lado, qué chula soy. Hice el paripé un rato para hacerle esperar un poco, por lo que empecé a rebuscar en mi maleta a ver lo que había. Al final cedí y salí pronto. Fui hasta el salón y me apoyé contra la pared esperando a que él se diese la vuelta. Cuando se giró, noté que empezó a mirarme como un niño a su piruleta.
-¿Puedo violarte?-dijo él en plan coña.
-Eh...qué gracioso que eres-le dije algo molesta.
Me senté a su lado y el se levantó de forma molesta.
-Voy a ponerme el pijama, prepárate que yo también me voy a poner muy sexy-dijo desapareciendo del salón.
Me puse un cojín en la cara y sonreí. Creo que él trató de decirme indirectamente que me puse sexy. Seguí viendo la tele. Era una película de una india que quería ser futbolista, típico, entonces, oí sus pasos aproximándose al salón. Me di la vuelta y lo vi. Llevaba sólo unos pantalones de pijama grises. Debajo podía ver sus boxers Calvin Klein azules. En su pecho descansaba un colgante rectangular. No lograba ver lo que era por lo que me dediqué a mirar sus preciosos ojos azules incandescentes.
-¿Qué? Admirando mi belleza, ¿cierto?-dijo el aproximándose- es broma-dijo sentándose a mi lado.
-Eres muy tonto-dije desviando la mirada.
Se sentó a mi lado. Noté su hombro contra el mío. Algo que me gustaba de él era que cuando tocaba su piel, sentía fría cascadas en mi espalda. Sus ojos de hielo daban la sensación de que su piel también iba a ser tan fría como el mármol, pero era cálida, tanto como una estufa. Empecé a ponerme nerviosa. Su piel era demasiado caliente, no era normal. Mi respiración empezó a convertirse en un silencioso jadeo. Él siempre me ponía de los nervios, su forma de ser, de hablar, de caminar... Aunque él lo niegue, estamos hechos el uno para el otro. Somos muy parecidos.
-Oye, no quiero que estés incómoda viviendo conmigo, quiero que florezca una gran amistad y nazca la confianza entre nosotros, sin malos rollos-dijo él muy profundo.
-¡Qué majo! Vale lo intentaré-dije recreando mi mejor sonrisa.
Me sonrió con sus dientes perfectos y se giró a ver la tele. Miré su hombro y vi que tenía tatuado un lobo.
-¡Tienes un tatuaje!-dije impresionada.
-Sii...-dijo él mirándome curioso.
-Tío, que tienes un tatuaje-dije todavía exclamativa.
-Me lo hice hace medio año.
Se hizo el silencio. La peli se terminó y pusimos el Club de la Comedia. Nos reímos mucho con los monologuistas, sobre todo con Dani Rovira. Sin querer bostecé y me miró.
-Vamos a la cama-dijo sonriendo.
-Sí, será lo mejor-dije bostezando de nuevo.
Fuimos a la habitación. Sacamos la ropa de cama y empezamos a arreglarla. Éramos como una pareja de recién casados que vivían felizmente en su pequeño apartamento, ajenos a los problemas del mundo. Cuando clavaba mi mirada en mí, me ahogaba de tal manera que no podía hacer las cosas bien. Cuando terminamos, él se tiró sobre la cama emitiendo un sonido parecido a un gemido de placer.-Que gustazo-dijo él rendido.
-Sí-dije yo metiéndome en la cama y tapándome con la sábana.
-¿Apago la luz?-dijo él copiándome.
-Por favor-le rogué.
Dormí mirando a la pared. Sonreí un poco pensando en todo lo que había ocurrido hoy. Me quedé dormida.
Me desperté suavemente. Todavía con los ojos cerrados, intenté quedarme dormida, pero era inútil. Noté su respiración sobre mi rosto, por lo que me sobresaltó. Cuando abrí los ojos me percaté de tres cosas. Primera, Josh estaba muy cerca, segunda, Josh estaba muy muy cerca y tercera, no hay tercera xD. Estudié su rostro perfecto. Dormidito era como un ángel (bueno, despierto también lo era). Miré con atención sus labios, algo carnosos(pero sin exagerar). Me acerqué un poquito más para alegrarme la vista y lo desperté. Abrió los ojos y parpadeó. Vi sus ojos azules celestiales clavarse en mi como agujitas. Sonrió y bostezó.
-Buenos días-dijo de buen humor.
-¡Si-siento haberte despertado!-dije preocupada.
-Ya estaba despierto-dijo algo pícaro.
-Oye, ¿tienes fiebre?-le dije yo.
-...¿Es un chiste o algo?-dijo él sin entender.
-No, es que estas muy caliente-dije poniendo mi mano sobre su frente.
Algo bueno que había entre Josh y yo era la confianza. Soltó una carcajada de escarmio.
-Mi piel es así, aveces hago apuestas a ver quien consigue estar más de cinco minutos abrazándome sin sudar. Siempre gano-dijo orgulloso.
-¿Me estas retando?-dije yo.
-Tas dao cuenta tú también, ¿eh?-dijo alargando los brazos.
-Voy a ganar-dije acudiendo a su llamada.
Le abracé con ganas. Esa escena era algo rara, él y yo, abrazados sobre la cama, tumbados bajo la sábana. Venga ya, íbamos muy rápido, era algo inesperado. Husmeé la fragancia de su pelo negro y, por desgracia mía la de su cuello. Me di cuenta de que un olor extrañamente atractivo empezaba a invadirme. Me acerqué con cuidado para oler más. Mi nariz ya estaba pegada a su cuello y podía olerlo con total claridad. No era su olor corporal lo que empezaba a atraerme, sino el olor de su sangre. Negué en mi mente que ese pudiese ser un síntoma de mi otro yo. Yo soy una vampira buena, eso siempre pienso yo pero ese tentador aroma me estaba empezando a despistar. Suspiré sobre su pecho, haciendo que Josh se estremeciera. Josh me apartó lentamente y me inspeccionó.