miércoles, 21 de marzo de 2012

Capítulo 6

-Josh-dije siguiéndole.
Cuando él se giró me asustó su gesto de furia. Me tragué la vergüenza(y las ganas de su sangre)y le abracé. Él vaciló y me abrazó también.
-¿Qué pasó con Gerard?-le pregunté ansiosa.
Desvió la mirada e hizo un giro con las pupilas. Me volvió a mirar dispuesto.
-Verás-dijo algo molesto- Holly y yo éramos la pareja perfecta, llevábamos nueve juntos y no tuvimos ni una sola pelea, ¿la razón? No hubo sexo. Yo quería esperar porque pensaba que de esa manera nosotros duraríamos más o algo así. 
>Al noveno mes, le presente a Gerard. Ellos dos se cayeron bastante bien, eso me beneficiaba mucho, si Holly me ocultaba algo y se lo contaba a Gerard, este me lo contaba a mi. Entonces, empezaron a surgir los celos y las peleas... Gerard me contó que Holly se le estaba insinuando y aveces tonteaba con él. Gerard decía que estaba asustado porque, obviamente, era mi novia y él tampoco parecía estar enamorado de ella ni le gustaba ni nada, o sea, que no le agradaba nada el hecho de que ella se restregase en la intimidad.
>Me enfurecí mucho, no con Gerard, sino con Holly, así que Gerard y yo pensamos en un plan. Él iba a invitar a su casa a Holly y este intentaría persuadirla para... ya sabes. Se supone que si ella decía que sí, él iba a hacer como si le llamaran por el móvil y...¡Oh! ¡Sorpresa! Tiene una urgencia y debe irse corriendo. Por otro lado, si ella le decía que no (que era lo que esperaba que sucediera) él iba a decir que era broma o algo así.
>Aquella tarde, Gerard no aparecía, tardaba mucho. Empecé a preocuparme por la respuesta de Holly. La quería y necesitaba estar con ella. Al rato apareció Gerard. Él vaciló antes de decirme lo que ocurrió. Gerard se echó a llorar. Me asusté tanto que le grité y todo. Entonces, él dijo algo que cambiaría por completo mi parecer-Ella...no me dejaba escapar, fui violado en mi propia casa, por una chica...
Me quedé de piedra por lo que dijo,-¡pero qué zorra!-pensé yo.
-Le dije a Gerard que no pasaba nada y planeé el plan de ruptura. Esperé al día de nuestro aniversario de un año. Le dije que viniese a hablar antes de nada, y le dije -tenemos que romper. Su cara cambió completamente y se echó a llorar preguntando repetitivamente -¿por qué?¿Por qué?-A lo que le respondí-Porque eres una PUTA.
Sonreí cuando Josh dijo eso.
-Bien hecho-le felicité yo- entonces, ella te estaba pidiendo salir, ¿no?
-Algo así-dijo él.
-Pues que se joda por zorra-dije yo picada.
-Eres la leche-dijo él mientras nos íbamos con los demás.
                                                             -.-.-.-.-.-.-.-.-
El instituto empezó de nuevo. Ya que Josh y yo íbamos al mismo instituto, se ofreció para llevarme en su moto. Pasaron dos meses desde que vi al lobo por última vez. Es como si él ya no quisiera verme...
Mi relación con Josh era neutra. Ni fu ni fa, tonteábamos pero no éramos novios, cosas de ese tipo. Aquella tarde de viernes me acababa de duchar y fui al cuarto a ponerme algo de ropa. Esa vez decidí secarme el pelo antes de vestirme, me dio por ahí. Entonces, me di cuenta de algo muy importante.
-No puede ser-dije asustada-no tengo bragas.
En efecto, había coincidido que todas mis braguitas estaban en la lavadora, ahora no sabía que ponerme. Fui al baño a preguntarle a Josh el qué hacer, ya lo se, estoy malita.
-Josh-dije mientras tocaba a la puerta.
-Dime-dijo abriendo la puerta.
Me sorprendió mucho que él abriese de golpe. Yo sólo llevaba una toalla puesta, él también. Me ruboricé tanto que me sorprendió no haberme desmallado.
-Tengo un problemilla...-dije buscando las palabras adecuadas, al decir verdad, no se para que le llame.
-Dime-repitió él.
-Pues, que no me quedan braguitas, están todas en la lavadora-dije bajando la mirada, pero al hacer eso podía ver la toalla que tapaba su masculinidad. Miré hacia otro lado.
Soltó una carcajada y fue al cuarto.
-Ven-soltó él.
Le seguí hasta la cómoda. Sacó dos boxers, eran estrechitos. Me dio uno de ellos.
-Póntelos, están limpios, aunque seguro que te quedan grandes, tienen que soportar mucha presión, ¿sabes?
Me quedé en plan (·//////·).
-No hace falta que entres en detalles, muchas gracias-dije yo cogiendo los boxers.
Josh se giró, dándome la espalda y se quitó la toalla. Le vi el culito.
-Vístete tu también, no miraré-me dijo él.
Me fui a la otra esquina del cuarto e hice lo que me dijo. Aveces miraba de reojo para comprobar dos cosas: si estaba espiando y si podía verle algo(jejeje).
Nos vestimos rápido. Los boxers eran cómodos, era verdad, me quedaban grandes por delante, pero sentía el trasero muy apretadito.
-Cómodos, ¿verdad?-dijo él.
-Pues sí-dije sonriendo-soy patética, lo se.
-Yo creo que más bien eres patosa-dijo él.
Le golpeé suavemente en el hombro. Él me acarició la cabeza como a un perro, qué desconsiderado, ¿no?

domingo, 18 de marzo de 2012

Capítulo 5

-¿Hola?-dije yo.
-Eli-empezó a hablar Anouk-¿no vienes?
Me quedé en silencio. Olvidé completamente la quedada.
-Es que me quedé dormida, no me encuentro muy bien-mentí yo.
-Ahh, pues entonces nada, te dejo, recupérate pronto-click.
Bloqueé el móvil y me lo guardé en el bolsillo. Miré al lobo y lo acaricié.
-Lo siento, debo irme, vendré a verte, lo prometo-le dije yo.
El lobo pareció entenderme y aulló. Se fue corriendo y me quedé sola. Caminé lentamente hasta llegar a casa. Empecé a darle vueltas al tema. El lobo era excesivamente grande, más grande que yo incluso. ¿Podría ser una mutación genética?
Cuando llegué a casa Josh ya había llegado.
-Holaa-dije nada más entrar.
-Buenas-dijo él.
Me senté junto a él y él me miro con sorpresa.
-Te debo dinero-dijo él metiéndose la mano en el bolsillo.
Sacó unos billetes y empezó a contar, entonces olfateé algo extraño en el aire. Vi que Josh se cortó con el billete.
-Seré torpe...-dijo mirándose el dedo.
Un chorrillo de sangre salió de su dedo. El olor se hizo tan insoportable que me tuve que apartar de inmediato.
-Creo que mejor voy al baño y me lo limpio-dijo levantándose del sofá.
Me quedé sola y asustada. Ese olor que desprendía su sangre me dejó sin aliento y activó mi sentido vampírico. Le perseguí hasta el cuarto de baño. Tenía el dedo bajo el agua del grifo.
-¿Te pasa algo?-preguntó él preocupado.
Vacilé antes de contestar.
-No, nada-dije yéndome al salón.
Estuve toda la noche distraída, no se si fue por la sangre de Josh o por el lobo, no lo se.
                                                -♥-
Todas las noches, antes de ir a casa, me pasaba por el descampado para ver si estaba el lobo. No sabía por qué, pero ese lobo me fascinaba. Tenía algo... encantador.
Aquel día por la mañana recibí una llamada de mi madre, dijo que ella y la madre de Josh iban a visitarnos, que asco la verdad.
-Josh-dije asomándome a la cocina-me ha llamado mi madre.
-Lo sé, mi madre es súper plasta-dijo riéndose- seguro que piensa que hacemos cosas raras por dormir en una cama de matrimonio-dijo él irónico.
-Para las madres todo tiene doble sentido-dije lastimosa.
Él se quedó mirándome sonriendo, con los ojos entrecerrados. Le miré de reojo, pero acabé mirándole al completo. Desvié la mirada y me sonrojé, que tonta. Cuando le miré, extrañamente recordé al lobo, que raro.
Recogimos un poco la casa, debía estar presentable para la esperada visita(sarcasmo mal disimulado). Cada vez que me quedaba mirando embobada a Josh me enfadaba conmigo misma. No podía dejar que el averiguase que le amaba, sería incómodo para los dos. También me encontraba algo mal por el olor que desprendía la sangre de Josh, ¿realmente yo sentía deseo por esta? Era inesperadamente cierto... El ding-dong me hizo botar, me asustó. Josh y yo fuimos a la puerta a recibir a nuestras invitadas. Cuando abrimos, estaban ellas dos, sonrientes y con las manos cargadas con cosas, mi madre con bolsas de plástico y  Monique(averigüé más tarde que se llamaba así) otra bolsa y el cochecito con la hermanita de Josh, Jessica. Alegremente nos dieron dos besos y se acomodaron en el salón.
-Bueno, bachiller será un poco complicado, pero sois muy inteligentes, no tenéis de que preocuparos-dijo mi madre con valía.
-He oído que quieres ser cirujana-dijo Monique- es un trabajo muy complicado, ¿estas segura de ello?
-Realmente me gustaría salvar a personas, los cirujanos trabajan con sangre, a nadie le gusta la sangre-dije mirando a mi madre.
-¿Cómo quieres ser cirujana si pierdes el sentido con una gotita de sangre?-dijo Josh hablando de lo de anoche.
-Bueno... lo superaré-dije confiada.
Dejamos de hablar de mi. Ellas se enteraron de la cama de matrimonio.
-No queremos ser abuelas tan jóvenes-dijo Monique.
-Mamá, no hacemos nada-dijo Josh.
-Me da igual lo que hagáis, tan solo hacedlo bien-dijo mi madre.
Josh y yo cambiamos de tema rápidamente para no pasarlo mal. Qué vergüenza, madre mía. Cuando se iban a ir, mi madre me llevó a solas un momento.
-Puedo oler a licántropo macho-dijo ella.
Pensé en eso, ¿qué habría querido decir?.
-Ya-dije pensando en el lobo de ayer.
Es verdad, aquel lobo era demasiado grande como para no ser un licántropo.
-Cuida las confianzas-dijo ella mientras se iba.
Josh y yo nos quedamos solos. Fuimos al sofá y vimos la tele.
                                                        -.-.-.-.-.-.-.-.-.♥.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Pasaron un par de días, era de noche. La velada anterior le llevé al lobo una chuleta de cerdo cruda, se la comió y me hizo una reverencia en señal de agradecimiento, definitivamente, era humano. Mientras me dirigía al descampado, oí gemidos desde lo más profundo. Aligeré el paso y me encontré al lobo sangrando y tirado en el suelo. Rápidamente fui a socorrerlo. Su sangre me aturdía tanto como la de Josh.
-¡No te muevas!-dije yo corriendo hacia casa.
Cogí una manta, alcohol, vendas, betadine, agua oxigenada, y cosas de esas, las metí en el bolso y corrí hacia el descampado. El lobo seguía allí, retorciéndose de dolor. Empecé a curarle. Aveces gruñía y enseñaba los dientes, pero se relajaba y me miraba con pena. Le vendé un poco y le tapé con la manta. Puse mi cabeza en su costado, cerca de su herida y empecé a llorar.
-No puedes morir, ¿entiendes?-dije yo entre lágrimas.
El lobo gimió y me lamió con su lengua rasposa.
-Sólo descansa-le dije mientras me levantaba para irme.
Acaricié su oscuro pelaje y miré sus ojos azules, tan azules como los de Josh. Me di media vuelta y oí decir a una voz extrañamente familiar:
-Gracias.
Me giré y el lobo ya no estaba, la manta tampoco. Lo sabía, era un licántropo, era obvio.
Caminé despacio a casa, reflexionando sobre lo que acababa de pasar. Pero cuando llegué a casa, las cosas se volvieron a complicar. Josh estaba pálido y su rostro mostraba resentimiento. Me senté a su lado y sostení su mano.
-¿Qué ocurre?-pregunté preocupada.
-Nada, estoy bien-dijo sonriendo penosamente.
Vi que tenía la mano en el costado, por las costillas.
-¿Qué tienes ahí?-pregunté.
-Nada, solo es una cicatriz-dijo él.
-Quiero verla-le obligué yo.
Se quitó la camiseta con mala gana y le vi la herida. Estaba rosada, pero también húmeda y parecía dolerle. Saqué del bolso los vendajes y los alcoholes y empecé a curarle.
-¿Por qué tienes eso?-me preguntó el.
-Me lo devolvió Carol-mentí-si te duele sólo dilo. Rodéame con el brazo.
Él asintió y así lo hizo. Me ruboricé un poco, pero empecé con su herida. Le di con agua oxigenada y alcohol, luego lo lavé con un poco de agua. Froté con delicadeza un poco de alcohol de romero. Podía notar el contorno de sus músculos duros y fuertes. Me ruboricé más todavía.
-Qué haría yo sin ti-dijo él.
Le miré y fue dejando de sonreír poco a poco. Josh empezó a acercarse lentamente. Él me iba a besar. Me fui acercando yo también, pero el olor de su sangre se hizo tan insoportable que agaché la cabeza.
-Voy a ordenar todo esto...-dije levantándome del sofá.
Fui al cuarto de baño y observé mi reflejo. Tenía los colmillos más grandes de lo normal. Cerré la boca y suspiré.
                                                    [.................♥..................]
Al día siguiente, Josh y yo nos miramos de reojo algunas veces. Realmente nos íbamos a besar y por culpa de mi agonía por su sangre no pudimos hacerlo, que mal.
Estábamos a punto de salir aquella tarde. Josh estaba muy pero que muy guapo, le elogié y él a mi. Entré yo primera al ascensor y luego entró él.
-Qué bien hueles-dijo acercándose un poco.
-Gracias-dije yo ruborizada.
Josh se acercó un poco más a mi cuello y me olfateó. eso me incomodó un poco, pero lo dejé pasar, entonces, volvió a acercarse demasiado. Su olor me aturdió demasiado y si el me besaba notaría mis colmillos. Gracias a Dios el ascensor llegó abajo y salí escopetada. Si, es cierto, pasaba un poco de él, pero era lo correcto.
Llegamos todos al puerto. Sentía remordimientos por evitar a Josh, así que lo busqué, pero no estaba. Me dijeron que estaba hablando a solas con Holly, maldita zorra.
Fui a un kiosko a comprar algo para picar y oí la voz de Holly. Los encontré a escasos metros de mi. Me escondí tras un arbusto y espié la conversación.
-Holly, no puedo-dijo Josh.
-¡Claro que puedes!-dijo ella.
-Escucha Holly, tu y yo estábamos enamorados, lo se, y seguiríamos estando si no hubieses sido tan fresca con Gerard-se quejó él.
-Se lo inventó todo...-dijo Holly.
-No es verdad, se lo que hiciste.
-Por favor Josh, te amo, vuelve conmigo, te lo suplico-rogó ella.
-Puedo perdonarte, pero no voy a volver contigo-contestó él.
-¿Por qué?-preguntó ella.
-Yo ya estoy enamorado, ¿sabes?-contesto él.
Eso que dijo me molestó un poco, el ya estaba enamorado, vaya faena...
-¿De quién? ¿De la pelirroja?-dijo Holly mientras yo daba un bote.
Josh soltó una carcajada mientras le daba la espalda para irse.
-O sea que es verdad-dijo ella mientras yo abría la boca.
-¿Acaso lo parece?-dijo él girándose.
-Pues sí-respondió ella.
-Pues piensa eso si quieres, tal vez es verdad y todo... Y si no, pues ya te enteraras con el tiempo.
Josh se fue dejándola sola. Salí del arbusto en busca suya, pero antes, tenía una cosa que decirle a Holly:
-La pelirroja tiene nombre-le dije a Holly orgullosa.




lunes, 2 de enero de 2012

Capítulo 4

-Seca-dijo él confundido-imposible.
-¿He ganado?-dije yo algo mareada.
-Sí, no lo entiendo-dijo él.
-Tengo mucho calor-dije incorporándome.
Me llevé la mano a la cara para ocultar mi rojez. No podía mirarle a la cara. Realmente, ¿yo deseaba su sangre?
-Qué bien hueles-dijo él.
Me di la vuelta. Le miré con cara de escarmio que le dejó frío.
-¿Estas de coña? ¡Apesto!-dije yo apenada.
-No es cierto, hueles de maravilla-dijo él acercándose a mi cuello.
Me puse nerviosa, por lo que me alejé de él, levantándome de la cama y poniéndome las zapatillas.
-Sólo iba a olerte-dijo también apenado.
Me fui a la cocina. Me deprimí al pensar que no había todavía nada de comida. Josh también se levantó y se puso a mi lado.
-Desayunaremos en alguna cafetería que esté cerca del supermercado-dijo él consolándome.
-Bien-dije contenta.
-¿Vas a ducharte?
-Sí, cuando te duches tú-dije yo.
-Las damas primero-dijo muy pícaro.
-Qué majo-dije sonriéndole-abre el gas, por favor.
-Claro-dijo agachándose.
Me fui al cuarto a preparar mis cosas. Cogí dos toallas, una para la cabeza y otra para el cuerpo, gel, champú y mascarilla. Llegué al baño y me desvestí deprisa, sería por el miedo de que ocurriese lo mismo de ayer. Me metí en la ducha y me lavé rápido, tenía demasiada hambre como para dilatar mucho la ducha. Me desenredé mi larga cabellera con la ayuda del agüita, no podía soportar esos nudos que no podía desenredar con el secador. Cerré el grifo y cogí los mechones naranjas que había en el desagüe. Me puse las toallas antes de salir. Me recogí el pelo con la toalla, aunque no podía recogerlo del todo. Salí del cuarto de baño y me metí en el cuarto. Me vestí y me sequé el pelo cuando ya me lo cepillé. Me pinté un poquito los ojos para romper el hielo. Cuando salí coincidió que el salía de la ducha y nos cruzamos. ... Sólo llevaba una maldita toalla, ¡¿él planeaba que me corriese o algo?!
-Te gusta lo que ves, ¿eh?-dijo él lascivo.
-Cállate-le dije.
-Yo también te quiero-dijo dirigiéndose al dormitorio.
Me fui a la cocina refunfuñando. Hice una larga lista de la compra.
-¡TARARARARARARARARA!-sonó detrás de mi.
Di un respingo del susto, realmente no me lo esperaba.
-¡Me cago en la puta!-grité del susto.
Era Josh. Soltó una carcajada bastante inquietante. Miré como desplazaba sus celestiales ojos estudiando la lista. Se mordió el labio inferior mientras leía concentrado.
-Está todo-dijo sonriendo.
Sonreí tímidamente y me sonrojé un poco. Desvié la mirada porque sabía que, cuando empezaba a mirarle, no podía parar.
Fuimos de compras. Compramos tanto que me asusté del peso de las bolsas, pero con los fuertes brazos de mi compañero de piso, no resultará ningún problema. Mientras llegábamos a casa, le pregunté indiscretamente por su exnovia Holly.
-Bah, que le den-dijo él algo molesto.
-¿Tan mal lo pasaste?-le pregunté yo.
-Algún día te contaré lo que me hizo-dijo Josh.
Algún día... pensé yo.                                                        
                                                                   ♥

Pasó un mes, sí, un mes, el mes más raro de mi vida. Sabía, tenía muy claro que Josh y yo tonteábamos de vez en cuando, pero no me hacía ilusiones...
Aquella tarde Josh había quedado con los chicos, yo me iría seguramente con las chicas.
Decidí llegar tarde. Me tumbé en el sofá y me eché una siestecita buena.

Me desperté algo angustiada. Tenía mareos y quería vomitar. Fui al cuarto de baño a comprobar si mi aspecto era aceptable. Un buen cepillado de pelo y como nueva, entonces, me asomé por la ventanilla del aseo. Desde allí podía ver un descampado sombrío, un banco y una farola que emitía una acogedora luz amarillenta. Sin pensármelo dos veces, bajé.
Me senté en el banco. La sensación era algo aburrida, pero estuve un ratito, cinco minutos algo así.
Cuando me cansé, me adentré en el parque. Había tanta arboleda que parecía que no estaba en plena ciudad. Frené cuando vi una farola. Esta, emitía una luz blanca e irregularmente intermitente. El ambiente era bueno, hasta que noté que no estaba sola.
Oí pasos sordos en mi nuca, tuve que girarme, pero no veía nada, tan solo árboles en plena sombra. Me giré de nuevo, lista para irme, pero el pánico se apoderó de mi. Una sombra, excesivamente grande y aterradora estaba a escasos centímetros de mi torso. Jadeé y me caí al suelo. Cuando mi corazón parecía que no podía ir más rápido, me percaté de que algo, que no era miedo, se introdujo en mi. La luz de la farola pudo dejarme ver que clase de ser era aquel. Un lobo. Un lobo negro y gigante. Me caí de culo y me arrastré hacia atrás de pánico. Entonces, el lobo gimió cariñoso y acercó su hocico para que lo acariciase. Me sorprendió tanto que no dudé en palpar su pelaje. El lobo se sentó y movió el rabo. Me puse de pie para estar a su altura y le rasqué por detrás de la oreja. Pero este se fue corriendo, dejándome sola en el claro del bosque. Miré al suelo, ¿qué había pasado?
Oí los mismos pasos pero al trote, por lo que levanté la cabeza. El mismo lobo, con una rama en la boca. Él y yo jugamos a tirar la rama, él la recogía y yo la volvía a lanzar. Así hasta que me llamaron por teléfono.