sábado, 26 de noviembre de 2011

El principio de un todo

Me llamo Lizzy, también podéis llamarme Ellisabeth, o Beth, o Lisa, o Elisa, o Eli...
Tengo que contaros una historia, algo extraña, pero me atrevo a decir que bonita.
Yo siempre he sido distinta a los demás, tengo el cabello rubio rojizo y la piel pálida. No destaco sólo por eso, sino por mis ojos. Tengo el iris blanco. Los médicos me han dicho que es una enfermedad que me trasmitió mi madre de forma genética. Siempre se han burlado de mi, me decían hija del demonio y cosas así. Yo aveces fingía que no me importaba, pero me dolía que se rieran de mí.
Cuando tenía catorce años, un fin de semana, pasó algo que jamás olvidaré. Él, apareció por primera vez. Él era alto, esbelto y de aspecto juvenil. Tenía el pelo muy negro, que contrastaba con ese increíble azul de sus ojos. Parecían bolas incandescentes de fuego. Me fundí en ellos de tal manera que pareciese que me derretía.
Pero no me derretía solo por eso. Ese chico era tal vez el chico más increíblemente guapo que hubiese conocido. Pero yo no me podía quedar en babilonia en un momento como ese.
Él se acerco a mí y yo note que mi respiración se agitaba lentamente. Entonces, el abrió la boca y dijo:
-Tienes los ojos más lindos que he visto, ¿son de verdad o lentillas?
Me quedé atónita tras su comentario. Esperé a que mi respiración se ralentizase para poder hablar.
-Supongo que son míos. Pero no se como te atreves a decir que mis ojos son bonitos, cuando no lo son tras compararlos con los tuyos...
Apretó los labios, pero no pudo contener una carcajada ronca y feroz.
-Guay, soy Josh-me dijo estrechándome la mano.
-Lizzy-dije yo estrechando la mía.
Él se acostumbró a venir todas las veces que yo quedaba, por lo que siempre estaba en mi grupo. Él y yo empezamos a ser muy buenos amigos, hasta que él se echó novia.
Yo sabía que me había enamorado de él, pero debía mantenerme al margen mientras estuviese con ella, por si las moscas, pero ella notó que en mi mirada había algo.
Ella se percató de que estaba enamorada de Josh, pero no le dijo nada, tan solo se aprovechó de mi y me alejó de él. Yo cada día que pasaba estaba más deprimida.
Un día me fui a la azotea de mi edificio, que era mi sitio de llorar. Ahí desahogaba mis penas con quien más quería hacerlo, con la soledad. No me gusta hablar sobre esas cosas con mis amigas, porque ellas no me dicen la verdad, ellas me dicen que algún día me querrá, que tengo que esperar, pero yo quería que me dijeran lo que TENÍA que escuchar, que nunca se iba a enamorar de mí y que estaba perdiendo el tiempo.
Aquel día, en la azotea, empecé a escuchar voces. Me puse a buscar a gente, pero no había nadie. ¿De dónde procedían esos ruidos? ¿Es que tal vez me estaba volviendo loca?
Decidí que era hora de volver a casa, por lo que subí al ascensor. Quise quitarme las lágrimas antes de llegar a mi casa, no quería tener una charla sobre chicos con mi madre, "otra vez no" pensé. Pero cuando me miré al espejo, vi algo que se me ha quedado marcado. Mis lágrimas eran rojas y mis ojos también. Cuando subí al ascensor nadie subió conmigo, pero al mirar en el espejo, vi gente a mi alrededor, todos estaban muertos.
Nada más llegué a mi casa me metí en la cama a reflexionar un poco. ¿Fantasmas? ¡Me había vuelto loca!
No fue la mejor de mis noches, pero tampoco la peor. Tan sólo recuerdo haber soñado esa noche con todas esas personas alrededor mía, atosigándome en el ascensor.
A la mañana siguiente mis padres me estaban esperando en el salón. Entonces, me dijeron algo que le dio un inesperado giro a mi vida. Parecía que nunca iban a ir al grano, pero al final, me contaron la verdad de todo, la verdad de lo que realmente soy, una vampiro.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Todos hemos leído historias de vampiros y hombres lobo, o hemos visto películas de licántropos o caza vampiros. Pero cuando estas en la piel de alguno de esos seres, te das cuenta de lo difícil que va a ser la vida, de que va a ser como una especie de discapacidad, y no es agradable, para nada.
Yo, desde mi punto de vista, creo que era demasiado obvio, que se veía venir, pero fue algo muy brusco, enterarme de lo que soy, de no ser una humana cualquiera.
Me llamo Eli y tengo una gran historia que contar